Aporte de hierro

En ocasiones en los que la dieta es deficitaria en hierro, es necesario el aporte de este mineral, que está presente en mayor cantidad en la sangre y se encuentra en todas las células vivas. Es el componente principal de la hemoglobina en el interior de los glóbulos rojos y desempeña una función fundamental en el organismo como principal transportador de oxígeno a todas las células del cuerpo interviniendo en la producción de energía.

Asimismo, el hierro está presente en las enzimas respiratorias y en la mioglobina, una proteína que transporta y suministra oxígeno a las células musculares. Por lo tanto, el déficit de hierro (ferropenia) reduce la capacidad de la sangre para transportar oxígeno.

La importancia del hierro en el sistema inmunológico

El hierro es un elemento fundamental para el normal desarrollo del sistema inmunitario y su adecuado funcionamiento. Tanto es así, que la ferropenia puede afectar notablemente a la capacidad del organismo para generar una respuesta ante agentes infecciosos. 

Esto se debe a que el hierro es un mineral esencial para la proliferación y la maduración de las células inmunitarias. Como consecuencia, su déficit provoca un menor recuento de todos los leucocitos, así como una reducción en su capacidad para neutralizar patógenos.

Paralelamente, la ferropenia puede provocar una menor respuesta cutánea a antígenos. Esto implica que la barrera protectora de la piel, que actúa como un escudo natural ante las agresiones externas, pierda parte de su función defensiva.

Requerimientos de hierro en bebés

No es frecuente que los recién nacidos, a excepción de los bebés prematuros, tengan bajos niveles de hierro antes de los seis meses. Durante este periodo, las necesidades de hierro del bebé se completan movilizando los depósitos de este mineral que han sido adquiridos de la madre durante la gestación.

Una vez superados los seis primeros meses de vida, sí es habitual que los lactantes lleguen con las reservas de hierro al límite.

En determinadas circunstancias, a pesar de alimentar a los bebés con una dieta rica en hierro, no se consiguen los niveles adecuados de este nutriente, por lo que es necesaria la suplementación con este mineral. Por ejemplo, hay un mayor riesgo de déficit de hierro en el bebé cuando se continúa con la lactancia materna exclusiva más allá de los seis meses.

Ferropenia en niños y adolescentes

Después de la lactancia, no es extraño encontrarse con niños que son malos comedores, tienen trastornos conductuales de la alimentación o siguen dietas con bajo aporte de alimentos ricos en hierro.

Los adolescentes también son un grupo de población en riesgo de ferropenia al tener un requerimiento importante de este mineral para poder llevar a cabo la aceleración del crecimiento y los cambios en la composición corporal.

De los 10 a los 18 años se adquiere entre el 15-25% de la talla y el 40-45% del peso de la edad adulta. Al mismo tiempo, se produce un incremento de la masa ósea y muscular y una expansión del volumen sanguíneo total, de lo que se derivan unas mayores necesidades de hierro. Esta exigencia se acentúa en las niñas con la llegada de la menarquia –primera regla-. Con el inicio de la menstruación ellas tienen 10 veces más probabilidad de desarrollar anemia que los niños.

Junto a estos cambios metabólicos y el desarrollo puberal, confluyen otros factores asociados, como una intensa actividad física-deportiva que, según diferentes estudios, puede causar entre un 15% y un 20% de deficiencia de hierro, un mayor esfuerzo cognitivo, debido a las exigencias académicas, y el riesgo de caer en dietas desequilibradas y desajustadas. En todos los casos, el médico puede recomendar la suplementación de hierro en las dosis requeridas.