Dolor dental

La odontalgia o dolor dental es la causa más frecuente de consultas odontológicas. Este dolor puede ser agudo o crónico y puede acompañarse de otros síntomas como la inflamación. El dolor dental es habitualmente un síntoma secundario a diferentes procesos inflamatorios e infecciosos de la pulpa dental, el tejido interior del diente, y de los tejidos periodontales, los tejidos de soporte del diente.

Causas del dolor dental

Aunque puede producirse por causas muy diversas, la causa más frecuente del dolor dental es la caries, una patología que afecta a más del 80% de la población general con mayor o menor extensión. En las primeras etapas, la lesión de la caries es asintomática, pero, pero cuando progresa, se produce una inflamación en la pulpa dental que se conoce como pulpitis.

Existen dos tipos de pulpitis: la pulpitis reversible, que produce dolor con los estímulos térmicos y desaparece inmediatamente después, y la pulpitis irreversible, que persiste tras la desaparición del estímulo y produce un dolor espontáneo sin ningún estímulo externo.

Si no se trata, la inflamación puede extenderse a los tejidos de alrededor del diente y provocar una periodontitis. La periodontitis puede producir un dolor espontáneo y, también, en la masticación y la palpación del diente.

Otras causas de dolor dental pueden ser la gingivitis ulceronecrotizante aguda o la periodontitis ulceronecrotizante aguda, dos patologías de origen bacteriano que pueden producir dolor en las encías.

Dolor dental: tratamiento

Ante un dolor dental, es fundamental acudir al odontólogo para que realice un correcto diagnóstico de la causa del dolor y lleve a cabo el tratamiento odontológico necesario.

No obstante, en la espera para la visita con el odontólogo, se pueden seguir ciertas medidas de higiene bucal y farmacológicas que pueden contribuir a aliviar el dolor dental, especialmente si este se origina en los tejidos periodontales que rodean al diente.

Antes que nada, es fundamental insistir en un adecuado cepillado de los dientes. Es decir, al menos dos veces al día (una de ellas antes de ir a dormir), durante dos minutos.

Todo ello, preferiblemente, con un cepillo de dientes eléctrico rotatorio, ya que contribuye a una mayor reducción de la placa y la inflamación gingival.

Del mismo modo, es clave incluir en la rutina de higiene bucodental la limpieza de los espacios interproximales. En ese sentido, los cepillos interdentales han demostrado ser el sistema más efectivo, por delante del hilo o la seda dental.

Por lo que respecta a los tratamientos farmacológicos orales, la prescripción de un tipo u otro de analgésicos para el dolor dental dependerá de los antecedentes del paciente y el origen y la intensidad de la dolencia. También puede ser de gran ayuda la aplicación de forma localizada de una solución dental específica que proporcione un alivio sintomático de las molestias bucales o del dolor de muelas, dientes y encías.

Entre los principios activos más efectivos de este tipo de soluciones destaca la benzocaína, un anestésico local ampliamente aceptado por su acción inmediata y tolerancia.

No obstante, hay que tener en cuenta que el empleo prolongado de algunos fármacos, como los analgésicos y antiinflamatorios, puede controlar el dolor dental, pero también enmascarar determinadas patologías, permitiendo que se cronifiquen y sean irreversibles. Por lo que es fundamental que el paciente con dolor odontológico agudo visite al odontólogo para que él establezca un diagnóstico diferencial y prescriba el tratamiento más adecuado.

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