Rozaduras

Una de las afecciones de la piel más habituales entre quienes practican ejercicio físico son las rozaduras, las cuales aparecen generalmente debido a la fricción constante y repetitiva con el material deportivo empleado, con la propia piel o por un traumatismo.

El roce de piel con piel durante el ejercicio físico hace que estas lesiones se localicen sobre todo en las áreas de los pliegues cutáneos, tales como la cara interna de los muslos, las ingles, las axilas o los pechos.

Las altas temperaturas y la humedad favorecen la aparición de este tipo de lesiones, ya que el calor hace que se sude más, la piel se reblandezca y se haga más vulnerable.

Las rozaduras deportivas más frecuentes

Las rozaduras deportivas pueden manifestarse de diferentes formas. Las más frecuentes son las abrasiones o erosiones, las ampollas de fricción y los callos.

Las abrasiones o erosiones son relativamente frecuentes, especialmente en los deportes de contacto, pero también en todos aquellos en los que se usan pelotas, raquetas u otros instrumentos. El tratamiento se basa, principalmente, en evitar la sobreinfección y secar las lesiones mientras se espera una cicatrización progresiva.

Las ampollas de fricción se deben al intenso roce al que se ven sometidas algunas zonas del cuerpo, lo que ocasiona una separación en la unión dermoepidérmica. El microambiente húmedo y cálido favorece su formación. El tratamiento consiste en el drenaje cuidadoso del exudado.

Los callos se producen en áreas expuestas a un trauma o rozamiento repetitivo y normalmente se manifiestan en zonas dónde previamente habían aparecido ampollas. La mayoría de callosidades no son dolorosas y pueden suponer una ventaja en ciertos deportes como la gimnasia, la halterofilia o el tenis.

Las uñas encarnadas: generalmente son debidas al uso de calzado inadecuado o que no se ajusta correctamente a la forma del pie, ocasionando la entrada de la uña dentro de la dermis, donde generará una reacción como si de un cuerpo extraño se tratase.

Rozaduras vinculadas a determinadas actividades físicas o deportes

Por otro lado, existen otros tipos de rozaduras más particulares que están estrechamente vinculadas a ciertas actividades físicas o deportes como son el pezón del corredor, el hombro de nadador o el talón negro.

El pezón del corredor es la irritación del pezón debida al roce constante con camisetas o sujetadores que provocan erosiones y fisuras. Los corredores de fondo son los más susceptibles a desarrollar este tipo de lesión. El uso de telas blandas semisintéticas, de algodón o seda evitará estas abrasiones. También puede ser útil cubrir la zona con apósitos o vaselina.

El hombro del nadador consiste en una placa eritematosa que aparece en el hombro de algunos nadadores que realizan estilo libre, resultado de la irritación por el roce con la barbilla sin afeitar. Se previene rasurándose antes de nadar.

Por último, el talón negro, es una lesión típica de deportes con paradas y acelerones frecuentes, como el tenis o el baloncesto. Se manifiesta en forma de petequias de distribución horizontal en el extremo superior del talón, asintomáticas y, habitualmente, bilaterales.

¿Cómo evitar las rozaduras?

Con las medidas adecuadas, se pueden prevenir e incluso evitar las rozaduras deportivas siguiendo estos consejos:

  • Es importante mantener la piel hidratada en todo momento. Hay que aplicar una crema hidratante a diario en todo el cuerpo e insistir en aquellas zonas más vulnerables como son los pies y las manos.
  • Cortar las uñas del pie rectas. También puede ser de ayuda poner un trozo de algodón debajo del margen lateral del pie.
  • Usar un material deportivo y calzado adecuado.
  • Utilizar almohadillas de fieltro. En aquellas áreas expuestas a un trauma o rozamiento repetitivo como consecuencia del ejercicio físico, suelen aparecer callosidades.
  • Aplicar crema anti-rozaduras. Antes del ejercicio, conviene utilizar una crema para rozaduras del deporte. De este modo, se creará una película protectora sobre la piel que ayudará a prevenir irritaciones.