Cicatrización de heridas

La piel, al ser la estructura corporal más externa, siempre resulta afectada cuando se produce una herida; incluso en muchas heridas superficiales, la piel será la única estructura corporal dañada.

Accidentes domésticos, caídas, quemaduras solares, cortes, abrasiones… Son muchas las situaciones en las que pueden producirse lesiones en la piel, por lo que es importante conocer el proceso de cicatrización de las heridas, así como saber cómo cicatrizar una herida.

Los tejidos necesitan regenerarse para conseguir una óptima cicatrización. La respuesta cicatricial no es igual de rápida en todos los individuos, depende múltiples factores: edad, nutrición, estado de salud, ingesta de fármacos, etc. Mediante la aplicación de cuidados específicos, el proceso de cicatrización se puede favorecer.

¿Qué es la cicatrización y cómo se produce?

La cicatrización es el proceso biológico de restauración de la piel tras una rotura de esta. Evoluciona en varias etapas sucesivas:

  • Una fase vascular e inflamatoria de unos 3 días, en la que se forma el coágulo y se destruyen microorganismos, células muertas y tejido necrótico.
  • Una fase proliferativa de unos 15 días, en la que el organismo aporta colágeno y sustancia fundamental para formar un nuevo tejido. La cicatriz empieza a contraerse.
  • Por último, una fase de maduración de la cicatriz y remodelación del tejido de varios meses de duración. El colágeno se entrecruza siguiendo las líneas de tensión de la piel. El tejido recupera su aspecto original.

En ocasiones, pueden producirse alteraciones en esta última fase de remodelación que den lugar a la formación de cicatrices patológicas, como cicatrices hipertróficas o queloides.

¿Cómo ayudar a cicatrizar una herida?

En el caso de cortes, abrasiones, quemaduras solares o superficiales y úlceras, los pasos a seguir son los siguientes:

  • Evaluar la profundidad de la herida.
  • Lavar únicamente con agua potable o suero fisiológico, en caso de que se trate de una lesión superficial limpia. Aplicar jabón neutro, si la herida presenta suciedad en su interior.
  • Desinfectar con antisépticos cuando haya síntomas de infección o exista este riesgo.
  • Aplicar apósitos hidropoliméricos mientras la herida esté inflamada y supure.
  • Una vez comienza el proceso de regeneración de la piel, cubrir la herida con un apósito hidrocoloide (láminas autoadhesivas, finas y transparentes) o con una placa o lámina de hidrogel, ya que hay que evitar que la herida se seque.
  • Durante la fase final de epitelización, aplicar geles o cremas cicatrizantes para heridas que aporten humedad y principios activos que estimulen la reparación de la piel, como el Aloe Vera o el Pantenol, para evitar la sequedad, la hiperqueratosis, el prurito y el posible rascado.

Factores que interfieren en el proceso de cicatrización

Son múltiples los factores que influyen sobre el delicado proceso bilógico de la cicatrización:

  • Edad. La actividad biológica y capacidad de sintetizar nuevo tejido para formar la cicatriz es inversamente proporcional a la edad del paciente.
  • Nutrición. Vitaminas como el ácido ascórbico, la vitamina A, la vitamina E u oligoelementos como el zinc, el manganeso o el cobre pueden tener un papel relevante en el proceso de cicatrización.
  • Infección. Se debe prestar atención a los signos y síntomas de infección, puesto que cuando se establece una infección se detiene el proceso de cicatrización, al tiempo que aumenta la reacción inflamatoria y la generación de exudado.
  • Oxígeno. La presencia de oxígeno en el lecho de la herida es necesaria para la función leucocitaria, la migración y la multiplicación celular, la síntesis de colágeno y la formación de puentes intermoleculares.
  • Hormonas. La hormona del crecimiento (GH) y los andrógenos favorecen la cicatrización.
  • Fármacos. Determinados fármacos interfieren negativamente en el proceso de cicatrización. Entre otros, destacan los siguientes: corticoides, citostáticos e inmunosupresores, povidona yodada, penicilina, adrenalina, nicotina.
  • Enfermedades asociadas. La diabetes, por ejemplo, es un factor de riesgo frente a la infección.

 

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