Pies secos

Unos pies excesivamente secos son propensos a manifestar mayor nivel de lesiones como grietas, excoriaciones, eczemas etc., y, por lo tanto, tienen una mayor probabilidad de contraer infecciones bacterianas o micóticas (hongos).

La piel de los pies es diferente a la de otras partes del cuerpo. En particular, la piel de las plantas de los pies es más gruesa y carece de glándulas sebáceas. Es por eso por lo que los pies tienen una mayor predisposición a la sequedad y al daño de la función barrera.

Por otro lado, el uso repetitivo de los pies acompañado por la presión y fricción con el calzado puede promover la formación de áreas de piel hiperqueratinizada más gruesa o callosa.

Una buena prevención y tratamiento en la sequedad de la piel de los pies es imprescindible para una correcta calidad de vida.

Cuidado de los pies secos

En verano, la exposición solar, el contacto constante con el agua o el cloro de la piscina pueden provocar una deshidratación excesiva en la piel. De ahí que sea habitual tener los pies secos tras el período estival. Además, los talones agrietados y secos suelen ser unas de las principales preocupaciones en cuanto al cuidado de los pies.

Por otro lado, el tiempo frío y seco en invierno y el confinamiento dentro de los zapatos, puede alterar también el estado de hidratación de los pies.

Después de la higiene diaria, es importante hidratar los pies correctamente; para ello se recomienda la aplicación diaria, mediante un ligero masaje, de una crema hidratante específica para pies. Es importante que esta crema sea rica en emolientes que ayuden a restablecer la estructura y el grado de hidratación adecuado, así como a recuperar el confort cutáneo y su capacidad de protección natural.

Las cremas hidratantes para pies secos deben aportar también principios activos que frenen la pérdida da agua transcutánea, aportando humedad y reteniéndola, que imiten la estructura del film hidrolipídico y que actúen sobre el metabolismo celular causando un efecto queratolítico suave.